Vivimos en un mundo fragmentado, en un mundo cada vez más interdependiente y a la vez más polarizado. Vivimos en un escenario de múltiples y complejas crisis. También debemos aceptar que la globalización, las nuevas tecnologías y la democratización del conocimiento, han contribuido a lograr avances significativos en nuestras sociedades. Sin embargo, la evidencia muestra que los modelos de desarrollo actuales siguen profundizando las desigualdades entre los países y al interior de ellos.

Millones de personas, particularmente los Pueblos Indígenas, han quedado fuera de las promesas del “desarrollo y la globalización”. Son los más afectados por la injusticia, la violencia, el desempleo, la inseguridad, la falta de acceso a la salud y a una educación culturalmente pertinente. Son también de los más afectados por la crisis climática, y sufren amenazas contra sus territorios y sus medios de vida. Además, sufren el riesgo de la pérdida de sus lenguas, culturas y de su propia memoria histórica.

La desconexión entre los derechos de los Pueblos Indígenas reconocidos en instrumentos internacionales y las respuestas institucionales y políticas, genera desconfianza hacia los Estados, sus instituciones nacionales, así como en los organismos internacionales. Recientes reacciones sociales demuestran esta desconexión y la desconfianza entre estos y sus gobiernos.

Las organizaciones indígenas en la región tienen el enorme reto de canalizar las demandas de sus pueblos, y encontrar la manera más efectiva de actuar en la política. Sobre estos desafíos quisiera realizar algunas reflexiones sobre los Pueblos Indígenas y sus organizaciones.

1 | El mundo indígena no es monolítico

Si bien hay temas que unen al mundo indígena como sus luchas por la descolonización, los derechos colectivos, la defensa de sus tierras y territorios, sus culturas, sus lenguas, este mundo no es monolítico. Los Pueblos Indígenas se desarrollan en diversas estructuras organizativas, formas de representación, agendas políticas, formas de resistencia diferentes en cada pueblo, en cada región. Por lo tanto, las estrategias y acciones para enfrentar y resolver sus retos deben ser multidimensionales, holísticas y complementarias, pero lo más importante, estas deben ser concebidas, desarrolladas e implementadas en estrecha relación con sus propios Pueblos, a fin de responder a los retos estructurales en cada uno de los contextos específicos.

2 | No todos los indígenas viven en el campo. Tenemos que superar los estereotipos

Es necesario reconocer la gran diversidad de profesiones, talentos, aportes indígenas a la ciencia, a la literatura y el arte, a la economía, a la diplomacia internacional y al derecho internacional. Cada vez más, las personas indígenas, sobre todo de las generaciones más jóvenes, viven en centros urbanos y requieren fortalecer su identidad, pero también construir una agenda diferente en torno a su realidad, por ejemplo, en la lucha contra la discriminación, el acceso a una educación de calidad, la continuidad de sus culturas y sus lenguas en el escenario urbano, solo por citar algunos ejemplos.

3 | No todos los indígenas tienen las mismas posiciones políticas

No todos los indígenas son por naturaleza de izquierda o de derecha, ni tampoco todos son actores políticos militantes. Por ello, es importante procesar las diferencias políticas y partidarias en cualquier proceso de construcción de acuerdos y agendas de trabajo. Esta constatación pasa también por la necesidad de revaluar el rol de los partidos políticos indígenas y el potencial de construir proyectos políticos de alcance nacional, en alianza con otros actores y sectores que compartan los mismos proyectos de sociedad.

4 | Es fundamental que hagamos una diferencia entre el rol de los partidos indígenas con el Movimiento Indígena

En el primer caso se trata de estructuras políticas de diverso tipo que buscan ejercer roles de gobierno, de poder, a través de mecanismos de representación. El movimiento indígena es un movimiento social que busca interpelar el orden establecido, interpelar el poder, con demandas específicas. El movimiento indígena es por tanto más amplio y más diverso y sus agendas no son necesariamente partidarias.

5 | Los líderes indígenas, hombres y mujeres, no pueden tener voz exclusivamente sobre temas indígenas

La construcción de proyectos políticos de alcance nacional, y todas las propuestas de país y los procesos internacionales deben contar con la participación activa de los líderes indígenas incluyendo las mujeres indígenas. Por ejemplo, en Ecuador, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) presentó una propuesta macroeconómica para salir de la crisis. Esta propuesta trasciende la agenda de los Pueblos Indígenas, y plantea un camino alternativo al conjunto de la sociedad.

Si bien la situación puede variar entre regiones y países, los Pueblos Indígenas del mundo enfrentan serias amenazas a su sobrevivencia, a sus derechos colectivos, continúan siendo excluidos de los procesos de toma de decisiones, enfrentan el resurgimiento del racismo y la discriminación, la falta de acceso a la justicia, a la libertad de expresión y al acceso a medios de comunicación. A esto se suman la pobreza y las desigualdades.

Oportunidades de los Pueblos Indígenas de incidir en la política

El escenario actual de enorme complejidad plantea la necesidad de reposicionar la Agenda de los Pueblos Indígenas.

No olvidemos que, durante los últimos 40 años, los Pueblos Indígenas han tenido una rol activo y transformador en la arena política nacional, regional e internacional en favor del reconocimiento de sus derechos individuales y colectivos. Importantes transformaciones políticas en varios países de América Latina han sido posibles en las últimas décadas gracias a los movimientos indígenas.

En el plano internacional y regional, los Pueblos Indígenas han creado nuevos espacios de participación, y han impulsado normativas internacionales y mecanismos institucionales para la promoción y protección efectiva de sus derechos[1]. Desde el Convenio Número 169 de la OIT de 1989 hasta la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas del año 2007, así como la creación de mecanismos institucionales al interior del sistema de Naciones Unidas como el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas, la creación del Mecanismo de Expertos sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y el establecimiento del mandato de Relator Especial sobre los derechos de los pueblos indígenas tanto en la ONU como en la OEA. De igual forma, se han promovido instrumentos interamericanos como la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. A nivel nacional, los Pueblos Indígenas han impulsado la adopción de leyes, políticas, planes y programas para la protección de sus derechos. Algunas constituciones nacionales han reconocido su existencia. No obstante, sabemos que el desafío principal está en la implementación. Si solo lográramos la aplicación real de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígena y la Declaración Americana, el Convenio 169 de la OIT, la situación de los derechos de los Pueblos Indígenas sería otra.

Si hablamos del pasado reciente, en el 2018, los Pueblos Indígenas alcanzaron dos importantes hitos bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Primero, se creó un Grupo de Trabajo Facilitador para el funcionamiento de la Plataforma de las Comunidades Locales y los Pueblos Indígenas y, segundo, el Fondo Verde para el Clima adoptó una Política de Pueblos Indígenas. Estos son logros pioneros en la lucha por sus derechos y por el reconocimiento de su papel en acciones relacionadas con el cambio climático. Y con gran satisfacción debo decir que he estado personalmente involucrada y apoyando estos procesos.

Debemos seguir avanzando en la consolidación de más espacios de participación, a través de formas innovadoras, que les permitan incidir en los asuntos que les conciernen, e incorporar sus visiones en todos los espacios regionales y globales de discusión y de toma de decisiones.

Por ello, como Presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en cumplimiento a una resolución de la Asamblea General, organicé una Audiencia Interactiva con los Pueblos Indígenas en Nueva York en abril de 2019, para avanzar en el establecimiento de un mecanismo que formalice la participación de los pueblos indígenas en los espacios y procesos de las Naciones Unidas.

Presencia y efectividad de los Pueblos Indígenas para incidir en la toma de decisiones regionales

Si bien las oportunidades de participación e incidencia de los pueblos indígenas se han multiplicado, hoy, el 15% de las personas más pobres en el mundo son indígenas. En América Latina y el Caribe existen 826 pueblos indígenas, de los cuales 330 se encuentran en peligro de extinción debido a su fragilidad demográfica, sus desplazamientos forzados, la escasez de alimentos y la contaminación de las fuentes de agua (CEPAL. Panorama 2018). De 625 millones de habitantes en nuestra región, 48 millones se declaran indígenas, es decir el 7.7% (CEPAL. Panorama Social 2018). Todos, de una u otra manera, somos indígenas, por historia, por cultura o por compromiso.

La situación de los pueblos indígenas en nuestra región lamentablemente sigue la tendencia mundial marcada por: una situación de extrema pobreza -el 43% de personas indígenas vive con menos de 4 dólares al día, frente al 21% de personas que se declaran no indígenas. Adicionalmente, cuentan con poco acceso a los servicios básicos; 23% de la población indígena vive sin alcantarillado frente al 16% de las personas no indígenas, y viven mayoritariamente en zonas con dificultades de acceso y con mayor exposición a los efectos de la crisis climática. Los pueblos indígenas continúan siendo discriminados, registran los mayores niveles de exclusión social y los menores niveles de inversión pública en sus comunidades.

La situación es aún peor para las mujeres indígenas de nuestra región, quienes enfrentan mayores niveles de discriminación y violencia por ser indígenas, por ser mujeres y por estar en la extrema pobreza. Por ello, uno de los retos que enfrentamos es reconocer a las mujeres indígenas como agentes claves en la erradicación de la pobreza y el hambre. Debemos fortalecer las estrategias y acciones que favorezcan a las mujeres indígenas y las empoderen, incluyendo una mayor participación política.

Por eso, la participación de los pueblos indígenas es crucial si queremos cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible o cumplir con el Acuerdo de Paris sobre el cambio climático. Su participación plena y efectiva en el desarrollo, en la implementación y monitoreo de los planes y programas de desarrollo, a nivel local, regional e internacional es crucial.

Pueblos Indígenas: ¿un riesgo, para quiénes?

Regresando a nuestro análisis inicial, constatamos una profundización de las tensiones entre los Estados y los pueblos indígenas.

De la última información disponible a nivel mundial, en el informe “El Mundo Indígena 2019” del Grupo Internacional de Trabajo sobre los Derechos Indígenas, se registraron más de 400 muertes de activistas sociales, número aún difícil de cuantificar por la poca información disponible, pero del cual casi la mitad de estos defensores asesinados eran líderes o miembros de comunidades indígenas.

En el marco de movilizaciones recientes en la región, hemos visto el resurgimiento de acciones racistas y discriminatorias. Sin embargo, también hemos sido testigos de un resurgimiento de la incidencia social y política de los Pueblos Indígenas. Y esto me lleva a realizar los siguientes comentarios.

  1. Los Pueblos Indígenas tienen el derecho y la obligación de participar de manera plena y efectiva en los espacios que inciden o afectan sus derechos, se trata de un principio reconocido por el derecho internacional. Su participación es fundamental.
  2. A pesar de los indiscutibles avances en los marcos normativos, en las legislaciones, en las políticas públicas y en el derecho internacional, no existen mecanismos claros de monitoreo y rendición de cuentas de su cumplimiento e impacto.
  3. Frente a nuevos escenarios y nuevas amenazas, es necesario fortalecer y afianzar los mecanismos de integración y coordinación continental de los Pueblos Indígenas, para conectar el trabajo local con las agendas nacionales, regionales e internacionales.
  4. Hay que destacar el rol central que tienen las mujeres indígenas como actoras imprescindibles en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en particular la agenda de igualdad y el empoderamiento político y económico de las mujeres indígenas.
  5. Los Pueblos Indígenas deben ser actores claves en el fortalecimiento de las democracias, y en la generación de alternativas de desarrollo.

La construcción de un futuro más humano y más justo requiere de la voz, la opinión y la participación activa de los Pueblos Indígenas.

El próximo 20 de marzo espero ser elegida como la primera mujer Secretaria General de la Organización de Estados Americanos. Espero además llevar la causa de los derechos de los Pueblos Indígenas al plano político continental. Este debe ser un tema prioritario de la OEA, tal como lo establece la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Mis prioridades para los pueblos indígenas desde la Secretaría General de la OEA

Debemos consolidar los esfuerzos del Sistema Interamericano para la protección y promoción de los derechos de los Pueblos Indígenas y su autodesarrollo social, económico y cultural, expresados en la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Debemos reconocer que los valores, cosmovisiones, identidades, protección de ecosistemas y formas de vida de los Pueblos Indígenas, así como sus fuertes vínculos con sus territorios tradicionales y con los recursos naturales, constituyen garantía y resguardo a la seguridad de nuestras naciones y al desarrollo de toda Abya Yala (Américas). En este sentido mis acciones estarán orientadas a:

  1. Impulsar iniciativas dirigidas a fortalecer la capacidad de la OEA para apoyar a los Estados en sus esfuerzos nacionales para la aplicación de las disposiciones contenidas en la Declaración, facilitando además mecanismos de participación plena y efectiva de los Pueblos Indígenas.
  2. Realizar una evaluación de la normativa y la institucionalidad del Sistema Interamericano para apoyar a los Estados en la promoción y protección efectiva de los derechos de los pueblos indígenas.
  3. Establecer una iniciativa especial para el empoderamiento económico y político de las mujeres indígenas.
  4. Proponer a los Estados miembros una iniciativa continental de diálogo político hemisférico sobre los derechos de los pueblos indígenas. Esta iniciativa tendrá como propósito identificar los retos que estos pueblos enfrentan, identificar buenas prácticas y políticas públicas exitosas, y promover y respaldar una efectiva comunicación entre estos pueblos y sus Estados.
  5. En síntesis, como Secretaria General trabajaré para avanzar en los derechos de los Pueblos Indígenas, en especial en la protección de sus lenguas, la educación culturalmente pertinente, la salud intercultural, y el empoderamiento y la participación política de las mujeres indígenas.

María Fernanda Espinosa Garcés

28 de enero de 2020 


[1] Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para los Pueblos Indígenas, el Fondo Fiduciario para las Cuestiones Indígenas, el Fondo de Apoyo a los Pueblos Indígenas y la Alianza de las Naciones Unidas con los Pueblos Indígenas.

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