Viernes, 20 de marzo del 2020

Estimadas amigas y amigos:

Deseo agradecer a los Estados que han respaldado mi propuesta para renovar y revitalizar la Organización de los Estados Americanos (OEA) y que me han brindado su voto en esta elección. De manera muy especial deseo agradecer al Primer Ministro Gaston Browne, de Antigua y Barbuda, y al Primer Ministro Ralph Gonsalves, de San Vicente y las Granadinas, que propusieron mi candidatura, como una opción para rescatar a la OEA del estado de polarización y de ineficiencia en la que se encuentra, y del abandono de sus principios y funciones más esenciales.

El respaldo de 10 países de las Américas y el Caribe a mi candidatura ha demostrado que existe otra visión política de lo que sucede en nuestro continente y del rol que debe desempeñar la OEA. Hemos demostrado que sí es posible construir una propuesta alternativa a un discurso, una visión y una práctica que se pretende imponer como única e incuestionable. A pesar de que la OEA lamentablemente se ha convertido en un campo de batalla, de agresiones, y no de ideas y principios, no debemos olvidar que la Organización fue creada para lo contrario: para cumplir con los propósitos de cooperación y solidaridad hemisférica.

Ahora más que nunca debemos insistir en la necesidad imperiosa del apego a la legalidad, del respeto al derecho internacional, de la adhesión al multilateralismo y al diálogo constructivo y respetuoso. El otro escenario sería la discrecionalidad, la imposición, la arbitrariedad y el unilateralismo.

Sigo pensando que la ausencia de un verdadero ente multilateral en el continente o en nuestra región latinoamericana y caribeña, deja un gran vacío que debemos llenar. La actual crisis por el COVID-19 es una muestra más. La OEA ha estado visiblemente ausente de esta emergencia, igual que de tantos otros temas de la agenda internacional. El mismo hecho de haber forzado una elección de espaldas a las propias medidas del país sede y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), poniendo en riesgo la vida de los trabajadores de la OEA y del cuerpo diplomático, son un indicador de indiferencia frente a los grandes desafíos que tenemos. Distintos Grupos de Estados en el continente han establecido coordinaciones específicas, la CEPAL hace sus proyecciones y análisis, la OPS articula con la Organización Mundial de la Salud, la banca multilateral trabaja escenarios de respuesta, y así ,múltiples actores regionales. Sin embargo, no existe un liderazgo legítimo, fuerte, sustantivo, que lidere, articule y coordine la respuesta hemisférica a la crisis por la pandemia del COVID-19.

El Secretario General cuenta con el mandato y la autoridad política necesaria para ejercer ese liderazgo. Sin embargo, se han priorizado intereses particulares y visiones de corto plazo.

Hemos demostrado con nuestra candidatura que existe otra forma de hacer política en el continente y que existen fórmulas efectivas para la cooperación y la solidaridad hemisférica. Hemos demostrado además que la OEA no está cumpliendo los propósitos para los que fue creada, y que no se pueden continuar haciendo las cosas de la misma forma en situaciones de crisis o conflicto y esperar resultados distintos. Hemos estructurado un discurso político y programático que brinda todos los argumentos necesarios para decir que sí era posible tener un verdadero organismo multilateral, que sirva a todos los países, que funcione con transparencia y eficiencia, que rinda cuentas y que refleje la gran diversidad de visiones y prioridades de los países del hemisferio. Era y es posible construir Unidad en la Diversidad.

En la construcción de esta visión política y estratégica, conté con la colaboración de extraordinarios profesionales que estoy segura seguirán luchando para transformar esta Organización. Entre ellos, deseo expresar mi reconocimiento especial a la guía y asesoría permanente del Embajador de Antigua y Barbuda, Sir Ronald Sanders, quien me atrevo a señalar es uno de los referentes humanos y políticos más valiosos con los que cuenta Antigua y Barbuda y el Caribe entero.

Dos extraordinarias mujeres embajadoras encabezaron además la construcción de mis propuestas para una nueva OEA, con un gran compromiso y liderazgo, la la Embajadora Louann Gilchrist de San Vicente y las Granadinas y la Embajadora Luz Elena Baños de México. Gracias por dejar la dignidad y el liderazgo de las mujeres en alto en la defensa y promoción de nuestra candidatura.

A esto se suman mis productivos y enriquecedores encuentros y reuniones con varios Jefes de Estado y de Gobierno, Cancilleres, periodistas, académicos y organizaciones de la sociedad civil que enriquecieron mi visión y plan de trabajo.

Agradezco al gobierno de México, al presidente Andrés Manuel López Obrador y al canciller Marcelo Ebrard, por sumarse a los Estados del Caribe en la promoción de mi candidatura. Me llena de satisfacción que esta elección haya acercado más a este maravilloso país al Caribe. México transita por una de las transformaciones políticas más importantes de su historia, en su empeño de reconstruir la integración latinoamericana y caribeña, fortalecer el multilateralismo como la única respuesta y antídoto a las crisis que enfrentamos y poner en primera fila al liderazgo de las mujeres.

Por último, deseo agradecer a las organizaciones sociales y políticas que respaldaron ni candidatura. Las Organizaciones Indígenas, de Mujeres, académicas, de Jóvenes, de defensores y defensoras de derechos humanos. Un agradecimiento especial a las Organizaciones del Ecuador. En un momento de tanta polarización que vive mi país, me llenó de alegría y renovó mi compromiso, el respaldo de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), la Confederación Nacional de Organizaciones Indígenas y Negras del Ecuador (FENOCIN) y de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), y de diversas organizaciones de la economía popular y solidaria, de jóvenes y de mujeres del Ecuador y del Movimiento Alianza País. Cuenten conmigo en todas sus luchas que son también las mías y las de muchos en Ecuador y el mundo.

Agradezco a las decenas de personas que desde el Ecuador y otros países, aportaron con su valioso tiempo, su asesoría, con su inteligencia, y su trabajo voluntario en esta batalla por reconquistar el sentido común y la convivencia en el hemisferio.

Como mujer profesional y política considero que nosotras tenemos la obligación de dar ésta y todas las batallas que sean necesarias para seguir conquistando la igualdad y la garantía de nuestros derechos. Ya vendrá el tiempo de las mujeres en la OEA y en los gobiernos de las Américas.

Como siempre lo he hecho, seguiré trabajando con el mismo compromiso por la unidad latinoamericana, por el multilateralismo, por la justicia social, por la defensa de los derechos individuales y colectivos, y por un mundo mejor, más humano, más sostenible y más justo para todos y todas.

Muchas gracias,

María Fernanda Espinosa Garcés

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