La participación política es un valor democrático fundamental que permite a los ciudadanos participar en los procesos de toma de decisiones y en la creación de políticas que tienen un impacto directo sobre ellos; Antes de la década de los 90, las mujeres de América Latina no podían disfrutar de este derecho fundamental, ya que estaban completamente marginadas, y no sólo por el Estado, sino por la sociedad en su conjunto. Las mujeres no gozaban de los mismas oportunidades que los hombres y tenían un acceso muy limitado a cualquier tipo de participación. Fue hasta las últimas décadas que las mujeres lograron aumentar su presencia tanto en la esfera pública como en la privada y reivindicar la institucionalización de sus derechos políticos, civiles, económicos y sociales. 

En el año 1995, se celebró en Beijing la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, donde la región dio un paso histórico y crucial para el avance de la igualdad de género. La conferencia también marcó el comienzo de una gran lucha por integrar a las mujeres en el proceso de toma de decisiones. Durante la conferencia los países latinoamericanos adoptaron un plan de acción para superar los obstáculos a la participación femenina, y como resultado se abrió el camino para el Programa de Acción Regional para las Mujeres de América Latina y el Caribe, que centra sus esfuerzos en el análisis de las políticas destinadas a estimular la plena participación de las mujeres en el desarrollo de sus países. Fue así como la participación política de las mujeres empezó a cobrar impulso y pasó a formar parte de la agenda pública de los gobiernos de la región, a través del multilateralismo y de la creación de compromisos internacionales concretos. 

Desde entonces, la región de América Latina ha progresado significativamente en sus esfuerzos por integrar plenamente a las mujeres en el ámbito social, económico y cultural. Dentro de estos esfuerzos, cabe destacar el impacto de la implementación de sistemas de cuotas en varios países de la región, que naturalmente, han logrado incrementar el número de mujeres en posiciones de liderazgo. Hoy en día, 17 países de la región cuentan con algún tipo de sistema de cuotas de género. Sin embargo hay muchos que mantienen una cuota de género de 30%. Solo Ecuador, Costa Rica, México, Panamá, Argentina, Bolivia, y Nicaragua han logrado regular la paridad en su sistema político, aumentado sus cuotas a un 50% para alcanzar completa igualdad entre los géneros. El caso de Ecuador es un claro ejemplo de cómo la aplicación de las cuotas aumentó la participación de las mujeres. En Ecuador, sólo un ciclo electoral después de que se adoptaron las cuotas en el año 2000, el porcentaje de mujeres legisladoras aumentó desde 3% hasta 17%.

No hay duda de que la adopción de cuotas en la región simboliza un gran avance para la igualdad de género. Sin embargo, para poder realmente garantizar la participación equitativa de las mujeres en la política, necesitamos de leyes y reformas que no solo sirvan como punto de referencia, sino que también impulsen activamente a las mujeres a tomar cargos de liderazgo, y que aseguren que las mujeres no enfrenten obstáculos a la participación, como la hostilidad y violencia con las que muchas son recibidas cuando intentan participar en la toma de decisiones.  

Para lograr la plena igualdad de género, es necesario que los Estados continúen los esfuerzos para mejorar su subrepresentación en los órganos públicos y las condiciones para que las puedan participar libremente sin ser reprimidas. El notable progreso que hemos logrado hasta la fecha no debe considerarse una garantía, por lo que se deben realizar esfuerzos para mantener e incrementar el avance de la participación política de las mujeres. Aún existen millones de mujeres que día a día siguen enfrentando obstáculos a la participación y que no tienen acceso a oportunidades significativas para moldear, afectar e involucrarse en la esfera política. La participación política de las mujeres en los órganos representativos y de toma de decisiones en la región es un elemento clave para una democracia de alta calidad. Debemos de trabajar en conjunto para  promover y fortalecer la igualdad de género, la autonomía de las mujeres y el empoderamiento femenino a través de la participación política.

Maria Fernanda Espinosa

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