Publicado por: Clarín

Hoy hace exactamente un año, 24 de Abril, celebrábamos por primera vez, en la emblemática sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el Día internacional del Multilateralismo y la Diplomacia para La Paz, establecido por una Resolución aprobada por los 193 estados miembros de la ONU.

En ese momento no podíamos imaginar siquiera el escenario que ahora vivimos. Una pandemia que ha cambiado para siempre la humanidad, la manera en la que nos comunicamos, interactuamos, tomamos decisiones y pensamos en el futuro. Nada será igual. Esta alarma nos ha despertado a todos, nos ha dejado varias lecciones, como por ejemplo: Que nuestra propia vida depende del comportamiento de los demás y que los seres humanos somos irremediablemente interdependientes. Que todos somos frágiles y vulnerables. Es una lección a nuestra arrogancia como especie.

Que las desigualdades y la pobreza son factores determinantes de la vulnerabilidad y el acceso a la atención médica y los servicios públicos.

Que el rol del Estado es irreemplazable para garantizar el derecho más elemental como el derecho a la vida y que los sistemas públicos de salud fuertes y eficaces son la mejor inversión social.

Que las mujeres representan más del 70% de la fuerza laboral mundial de la salud y son indispensables en la respuesta COVID-19.

Que las mujeres y las niñas están experimentando niveles más altos de violencia doméstica a raíz de la pandemia.

Que a pesar de los esfuerzos de cada país y las decisiones que toma, la única manera efectiva de combatir la pandemia del COVID-19 es a través de una acción global coordinada, basada en la solidaridad y la cooperación.

Que a pesar del resurgimiento de los nacionalismos, de la xenofobia, la verdad es que el virus no reconoce fronteras ni nacionalidades. Por eso requerimos un sistema multilateral sólido, eficaz, que esté a la altura de los efectos múltiples y devastadores de la pandemia.

Que el liderazgo global, la acción colectiva y la corresponsabilidad son precisamente las características que definen al multilateralismo, y que éste será el antídoto más efectivo para el COVID-19.

Necesitamos un sistema multilateral que responda, que resuelva, que atienda la emergencia en dos tiempos simultáneos: por una parte, la respuesta humanitaria inmediata, sobretodo para los más vulnerables como los adultos mayores, las personas con discapacidad o los refugiados. Y por otra parte, una estrategia, una acción coordinada que de respuestas a las devastadoras consecuencias económicas y sociales de la crisis. Es momento de establecer un nuevo pacto social, un nuevo sentido común, que ofrezca salidas a la pérdida masiva de empleos, a la destrucción de los medios de vida de los trabajadores informales, a la multiplicación del hambre y la profundización de las desigualdades. Hay decenas de iniciativas, de ideas, de planes, que van desde la condonación de la deuda hasta la creación de fondos de emergencia.

Hay que tomar en serio el llamado del Secretario General de la ONU a un cese al fuego global, para que podamos dirigir nuestros recursos y esfuerzos a enfrentar la crisis que es la verdadera batalla que debemos librar. Hay que tomar en serio el reciente llamado de la Asamblea General de la ONU a» una respuesta global basada en la unidad, la solidaridad y la cooperación multilateral renovada «, y su Resolución de aprobada esta misma semana, por iniciativa de México, abogando por la necesidad de que todos los países, especialmente los más pobres puedan tener acceso a pruebas, equipos y medicamentos, y ojalá pronto a tratamientos y vacunas. Hay que reconocer y apoyar la creación por parte de las Naciones Unidas del Plan Global de Respuesta Humanitaria y el establecimiento de Fondo de Recuperación para los países pobres y los países de renta media. Estos últimos, incluyen a casi todos los países de América Latina y el Caribe. Pero para que funcionen estas iniciativas se requiere cientos de miles de millones de dólares, es decir, es necesaria la participación y el aporte de los países que más tienen, apelando a la corresponsabilidad global.

Es ahora, en medio de la crisis, que tenemos la oportunidad para refundar, repensar, transformar. Es el momento de un nuevo pacto social que debe ser construido desde el multilateralismo, desde la instituciones regionales , desde su casa principal que es la ONU. En esta pandemia y en otros desafíos globales como el cambio climático, la pobreza y el hambre, las desigualdades o la guerra, no cabe el “sálvese quien pueda” o la ley del más fuerte. Todos pueden ganar o perder por igual.

La palabra multilateralismo es tal vez difícil de pronunciar, pero es imprescindible, es insustituible. Podemos usar sus sinónimos si así preferimos. Solidaridad, cooperación, coordinación, gobernanza global. Como sea, el multilateralismo es sin duda más necesario que nunca.

María Fernanda Espinosa fue presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ex Canciller de Ecuador.

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