– Como Pronunciado –

INTERVENCIÓN DE LA PRESIDENTA DEL 73º PERIODO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL,

S.E. MARIA FERNANDA ESPINOSA

Distinguidas Jefas de Estado y de Gobierno,

Distinguidas Ministras,

Estimado António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas,

Su Excelencia Embajadora Geraldine Byrne Nason, Presidenta de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer,

Estimada Phumzile Mlambo-Ngcuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres,

Excelencias, Señoras y Señores,

Representantes de las organizaciones de mujeres y de mujeres jóvenes,

Bienvenidas y bienvenidos.

Tengo el honor de inaugurar este evento de Alto Nivel sobre Mujeres en el Poder. Nos hemos convocado aquí para alimentar la agenda de la igualdad y los derechos de las mujeres, a través de su participación política y desde el ejercicio del poder.

Excelencias,

La historia de la humanidad, desde su origen mismo, la hemos escrito hombres y mujeres. Y no es posible que sea de otra manera.

Sin embargo, esta misma historia ha estado marcada por la desigualdad, la violencia y la discriminación hacia las mujeres.

A pesar de ello, las mujeres hemos sido protagonistas de los destinos de naciones enteras, de la cultura y el pensamiento político, de la ciencia y la innovación, y de las más importantes transformaciones sociales. Las protagonistas no han sido pocas, han sido miles de mujeres líderes y luchadoras.

De muchas no sabemos nada. Fueron invisibilizadas o borradas de la historia.

Pero de las que sí sabemos, de las que rompieron la barrera del silencio, debemos escribir sus nombres, reconocer su valentía y el inmenso aporte a sus pueblos y a la humanidad entera. Hoy estamos aquí por ellas.

El camino de los derechos de las mujeres ha sido largo. Ninguno de los logros alcanzados hasta hoy habría sido posible, sin la lucha de las mujeres indígenas, de las mujeres afrodescendientes, de las trabajadoras, de las mujeres migrantes, de las jóvenes, de las artistas, de las científicas, de las mujeres con discapacidad, de las mujeres rurales, de las mujeres diversas.

Hemos recorrido un largo camino para reducir las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres, pero tenemos todavía muchos obstáculos que sortear, muchos vacíos que llenar, mucho que cambiar.

Quizá una de las mejores cartas de presentación y defensa del multilateralismo y de la ONU, sea la agenda de igualdad y de derechos de las mujeres.

Contamos con una sólida arquitectura internacional de agencias, de comisiones, de convenciones, de pactos, programas de acción, declaraciones, resoluciones, y con la Agenda 2030 que es, sin duda, un arma poderosa en favor de la igualdad. Ahora el reto es hacer, es cumplir, es actuar.

Por eso me gustaría reconocer el compromiso y la decisión del Secretario General António Guterres, que ha logrado la paridad de género en los altos cargos de la Secretaría, en los puestos de Coordinadores Residentes y en las comisiones regionales. Esto es un gran hito para las Naciones Unidas y una clara muestra de que, cuando existe la decisión política y el liderazgo, se puede cambiar el rumbo de la historia.

De igual forma, debemos también reconocer a las mujeres que luchan por la equidad laboral; a aquellas que promueven mayor acceso a la educación de calidad; a aquellas que entregan su vida para preservar la de otras mujeres y niñas. Muchas de esas mujeres están ahora aquí, en esta sala.

Excelencias,

En el ámbito de la participación política, las cifras hablan por sí solas: el 90% de los Jefes de Estado y de Gobierno son hombres, al igual que el 76% de los parlamentarios. La gran mayoría de los países no han sido gobernados nunca por una mujer: esto es igual en todas las regiones del mundo.

De seguir la tendencia actual, alcanzar la paridad nos tomaría 107 años: es decir más de un siglo. Pero lo más grave es que, hace tan solo 4 años, en el 2015, se proyectaba que en 30 años se cerraría esa brecha. Claramente, nos encontramos ante un retroceso y este evento de hoy es clave para revertir esta situación.

Por ello, permítanme referirme a tres elementos para la reflexión en este importante encuentro.

UN Photo/Mark Garten

Primero: los desafíos que enfrentan las mujeres en política.

A menudo, las candidatas, las mujeres en la política, las ministras, las parlamentarias y los líderes comunitarios, enfrentan grandes barreras que van desde la resistencia dentro de sus propios partidos hasta el doble rasero y la discriminación en ciertos medios.

Algunos estereotipos sociales imponen que, sea lo que sea lo que visten las mujeres o cómo lo lleven, es más importante que sus ideas. Y cuando las mujeres se expresan o cuando están en puestos con un alto nivel de responsabilidad, la sociedad es el doble de crítica. Las mujeres deben demostrar, con cada paso que dan, que son competentes, capaces y aptas.

La violencia contra las mujeres en el mundo de la política es un arma poderosa de disuasión e intimidación y ocurre con más frecuencia de lo que creemos. Esta situación es real y debemos actuar para combatirla.

La ausencia o subrepresentación de las mujeres en la vida política impacta directamente en el reconocimiento y la ampliación de sus derechos y también contribuye a la perpetuación de la desigualdad en los puestos de poder y espacios de toma de decisiones.

Esto me lleva al punto número dos: los beneficios de la participación de las mujeres en el ejercicio del poder político y en los espacios de toma de decisiones son innegables.

Si la mitad de la población mundial queda fuera de la ecuación, pensar en un mundo más justo e igualitario es una utopía, y simplemente no alcanzaremos los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Está bien comprobado que la igualdad de género y la participación de las mujeres en la política promueve la estabilidad económica y contribuye a tener instituciones más sólidas.

También se ha comprobado que una mayor representación de las mujeres en los Parlamentos garantiza avanzar en las reformas a las leyes discriminatorias y una mayor inversión en áreas clave como la salud, la educación y la protección social.

Además, las mujeres tienen un papel central en la resolución de conflictos y la consolidación de la paz. De hecho, cuando las mujeres participan en una negociación de paz, las posibilidades de que dure más de quince años aumentan un 35%, según estudios recientes.

Por último, deseo hacer un llamado a la acción. Debemos concienciar y unir fuerzas para dinamizar el liderazgo de las mujeres en todos los espacios.

Sin mujeres en la política, el desarrollo sostenible, los derechos humanos y la paz se ven seriamente comprometidos.

Necesitamos más mujeres en la política, de todas las edades, desde los movimientos de base hasta los más altos niveles de gobierno. Esta no es una tarea fácil.

Si hay alguien que sabe de batallas y luchas, somos nosotras, las mujeres. Los derechos que tenemos, los hemos conquistado en largas e intensas batallas. Hoy tenemos la oportunidad de decirle al mundo, con una sola voz, que esta gran arquitectura por la igualdad que hemos construido debe funcionar a pleno rendimiento. Por tanto, debemos pasar de la retórica a la acción, del reconocimiento a la transformación.

Pero si alguien sabe de luchas, somos nosotras. Los derechos que tenemos los hemos conquistado en prolongadas e intensas batallas. Y la batalla por la participación política de las mujeres es, sin duda, el mejor homenaje que podemos hacer a los 25 años de la Conferencia de Beijing.

Tenemos la oportunidad -hoy- de decir al mundo, con una sola voz, que debemos poner en pleno funcionamiento esta gran arquitectura por la igualdad, que hemos construido. Debemos entonces pasar de la retórica a la acción, de las constataciones a las transformaciones.

Excelencias,

UN Photo/Manuel Elias

Su presencia hoy debe dejar una huella.

Si bien es fundamental que sigamos mencionando números, porcentajes, que sigamos enumerando y reclamando nuestros derechos o destacando nuestras conquistas; quisiera invitarlas hoy, a que pasemos a la acción, que impulsemos la participación política de las mujeres en todos los espacios y escalas. Que garanticemos que la voz de las mujeres jóvenes se escuche. Por eso hoy hemos convocado también a líderes jóvenes que deben ser parte de esta conversación.

Ustedes, como Jefas de Estado y de Gobierno y mujeres líderes tienen una enorme responsabilidad.

La participación de las mujeres en la política debe hacer la diferencia en la manera de gobernar, en la manera de trabajar por el interés colectivo. No solo es un tema de números y estadísticas, es un asunto de calidad, de poder de transformación, de dejar una huella, una estela que abra el camino a las mujeres que vendrán, y a las siguientes.

¿Qué nos hace diferentes a nosotras en el ejercicio de la política?  ¿Cuál es nuestra contribución particular al desarrollo y al bien común? ¿Cómo, en el ejercicio del poder, podemos construir sociedades más incluyentes? ¿Será que nosotras podemos y debemos, contribuir más decididamente a los asuntos públicos? Sí, sí debemos y podemos.

Queridas Jefas de Estado y de Gobierno, queridas amigas, amigos,

Es por esto que su presencia el día de hoy es tan importante.

Ustedes aquí reunidas representan casi el 50% de las Presidentas de todo el mundo.

Solo ustedes pueden decir a las mujeres, jóvenes y adultas: No teman. Participen en la política. Disputen los espacios que les corresponden. Rompan las barreras del silencio, de la discriminación. Nuestro aporte es decisivo para la construcción de sociedades más humanas y más justas, para la conducción de nuestras naciones.

Les invito a soñar en un futuro de igualdad entre mujeres y hombres, pero, sobre todo, les invito a trabajar para alcanzarlo.

Como decía la gran escritora Helen Keller “Nunca debemos gatear cuando tenemos el impulso de volar”. Volemos alto y volemos juntas para lograr la igualdad plena.

Muchas gracias por estar aquí.

Bienvenidas y bienvenidos.

Fuente: Asamblea General de las Naciones Unidas.

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