El mundo está enfrentando una crisis ambiental sin precedentes. Su impacto en América Latina ya se siente, y requiere respuestas y acciones urgentes. No podemos minimizar la gravedad de esta emergencia mundial; nuestra región se está deteriorando y cada vez la evidencia es más clara. Estamos afrontando una extinción masiva de especies, pérdidas de cosechas, sequías, carencia de agua potable apta para el consumo, deforestación ,incendios, inundaciones, una pérdida alarmante de la flora y fauna de la región, y un preocupante aumento en el número de desastres naturales, como los huracanes que cada año afectan a los países, especialmente en el caribe. Para entender la gravedad de esta crisis ecológica sólo hace falta recordar como la selva amazónica, el «pulmón del planeta» que comparten nueve países de América del Sur, ardía en llamas hace unos meses. 

La 25ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP25), que se celebró el pasado mes de diciembre en Madrid, logró juntar a 25.000 representantes de 196 países con el fin de avanzar los esfuerzos para abordar la emergencia climática bajo el lema “Es tiempo de Actuar”. António Guterres, Secretario General de la ONU, advirtió en su el discurso inicial  con un tono alarmante, que “el punto de no retorno está a la vista, se nos echa encima”, asegurando que la acción climática es de máxima urgencia. Durante dos semanas Jefes de Estado y de Gobierno, científicos, y líderes políticos, empresariales, y sociales participaron en discusiones y negociaciones tensas. 

¿Pero qué tan concretos y significativos fueron los acuerdos de la COP25 ? 

La verdad es que muchos participantes expresaron su insatisfacción con la conferencia, asegurando que las conversaciones para frenar el calentamiento global aún no abordan la urgencia y magnitud de la crisis climática. La COP25 también fue criticada en los medios como un rotundo fracaso, especialmente porque los países no lograron concretar medidas para la regulación de los mercados de carbono. La falta de consenso entre los participantes y la inhabilidad de llegar a acuerdos concretos en el desarrollo del artículo 6 del Acuerdo de París de 2015 acerca de la regulación de los mercados de carbono, resultó en una cumbre dos días más larga de lo esperado. Además, la COP25 no contó con la presencia de Estados Unidos, China, Rusia, Brasil, y India, que representan una gran parte de las emisiones totales de CO2 del mundo. 

Sin embargo, cabe destacar los compromisos ambiciosos de la Unión Europea en su lucha contra el cambio climático. Días antes de la COP25, el parlamento Europeo declaró un estado de emergencia en el continente, y presentó el borrador de el Pacto Verde Europeo, en donde Europa declara su intención de movilizar 100.000 millones de euros en los próximos siete año y que tiene como fin que el continente se convierta en una economía climáticamente neutra en emisiones para el año 2050. Con estos compromisos, la Unión Europea está liderando la acción climática a través del mundo y sirviendo como un referente de éxito en cuanto a la lucha contra el calentamiento global. 

América Latina no se puede quedar atrás; debemos seguir el ejemplo Europeo y tomar medidas claras, firmes, y efectivas. Si bien es cierto que las consecuencias tangibles del cambio climático en la región han llevado a que se concientice cada vez más la alarmante situación ambiental tanto en la esfera política, empresarial y social, todavía no se han tomado las medidas adecuadas para asegurar la conservación de nuestro planeta tierra. Aún falta crear compromisos significativos, concretos, y mucho más ambiciosos para lograr contener el calentamiento global y garantizar la supervivencia de la humanidad. Por esta razón, resulta fundamental continuar la conversación del cambio climático a nivel regional. Como región debemos de comprometernos a cumplir los objetivos establecidos del desarrollo sostenible, y posicionar la lucha contra el cambio climático como una convicción política de absolutamente todos los estados. Además, la sociedad civil debe participar, no solo con acciones individuales, pero también demandando que la protección del medio ambiente sea una de las luchas primordiales de todos los gobiernos, organizaciones, empresas, y agencias internacionales.

Maria Fernanda Espinosa

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