La participación política de las mujeres continúa siendo la mayor brecha de desigualdad a nivel mundial. Solo el 25% de los escaños legislativos y el 21% de las posiciones ministeriales son ocupados por mujeres. En los últimos 50 años, 85 de 153 países en el mundo nunca han tenido una mujer como Jefa de Estado o de Gobierno. Si se mantiene esta tendencia, la brecha global de género cerraría en 100 años!

El escenario en América Latina y el Caribe parece ser más alentador. Hasta el 2019, en Bolivia, Cuba y México las mujeres ocupaban el 50% de los escaños parlamentarios y el 50% de las posiciones ministeriales en Costa Rica, Colombia y Nicaragua. Como en muchos otros temas, los países caribeños llevan la delantera. Bahamas y Barbados lideran el top 10 de la participación y oportunidad económica de las mujeres en toda la región. A este ritmo, la brecha regional de género podría cerrarse en 59 años.

El derecho al voto femenino en América Latina y el Caribe parece ser un derecho obvio, natural en nuestro tiempo, pero no siempre fue así. La realidad es que, la historia de la lucha por la igualdad y el empoderamiento político de las mujeres ha estado siempre marcada por la audacia y decisión de mujeres que han sido pioneras, luchadoras, pensadoras de vanguardia. La historia  de las mujeres que con  determinación, desafiaron el estatus quo, actuaron y abrieron el camino para otras, y otras, ampliando espacios y oportunidades.

Este es el caso de la ecuatoriana, Matilde Hidalgo Navarro de Procel, una mujer visionaria. Con audacia y decisión se convirtió en la primera mujer latinoamericana en reclamar el ejercicio efectivo de su derecho al sufragio. En un contexto en el que se imponía como norma que “la mujer no estaba hecha para la política sino para el hogar”, el valor de Matilde Hidalgo fue definitivamente un hecho heroico.

Ahora, no debemos perder de vista que este momento histórico estuvo marcado por un contexto hostil. El conservadurismo y la interpretación rígida de las leyes y la Constitución se imponían. Se alegaba que no debía otorgarse el derecho al voto a la mujer por una supuesta falta de libertad, en razón de su estado de subordinación a su padre o esposo, e incluso, por una supuesta incapacidad a su menor desarrollo cerebral[1]. Parece inverosímil pero era cierto.

Así, a inicios del siglo XX, uno de los principales argumentos contra los derechos políticos de las mujeres en el Congreso ecuatoriano era que “[…] ningún diccionario y ningún legislador ha llamado nunca a la mujer ciudadano, pues la terminación masculina de esta palabra sólo era aplicable al varón y que al hablar de la mujer debe decirse ciudadana. Por ello no es necesario agregar varón al enunciado constitucional […]”[2].

Precisamente esta no exclusión expresa en la Constitución de 1906 sería la ventana de oportunidad. Esto permitió que en 1924, en el marco de las elecciones nacionales para diputados y senadores, Matilde Hidalgo, en un acto de gran valentía, se acercó al registro y votó por primera vez en el cantón Machala. Cinco años más tarde, se aprobó el derecho al sufragio femenino, convirtiendo al Ecuador –junto a Puerto Rico– en los primeros países de América Latina y el Caribe en donde las mujeres pudieron votar en una elección nacional. En 1929, la Asamblea Nacional modifica la Constitución señalando: “Es ciudadano todo ecuatoriano, hombre o mujer, mayor de veintiún  años,  que  sepa leer y escribir.” Esta modificación inauguró el derecho al sufragio además de permitir que las mujeres pudieran ocupar cargos públicos.

La acción decidida de Matilde Hidalgo fue respaldada por una decisión del Consejo de Estado –máximo organismo de interpretación constitucional de la época–, en cuyo pronunciamiento resaltó que “[…] la incorporación de la mujer en la política ayudará a levantar el espíritu público del país pues los hombres ‘se han olvidado del sagrado deber del sufragio’ […][3].

La reivindicación y el ejercicio efectivo del derecho al sufragio de las mujeres marcó así un punto de inflexión hacia la posibilidad de repensar y reconstruir el espacio de la política, de los derechos civiles y de la idea de lo público. Este fue, sin duda, un momento transformador en el ejercicio del poder político en el Ecuador y la región.

Si bien el camino para el empoderamiento político de las mujeres se abría, aún quedaba mucho por hacer. La conquista del sufragio femenino también fue motivo  para la parodia y la burla, como génesis de las formas contemporáneas de violencia política contra las mujeres.

Así, en 1928, la activista pionera por la causa de las mujeres y educadora ecuatoriana, María Angélica Idrobo, resaltaba que si bien las mujeres habían adquirido su derecho a votar, muchas de ellas no lo ejercían por temor a verse ridiculizadas. Hasta 1933, la proporción de mujeres inscritas en el padrón electoral representaba solo el 12% del total de electores[4].

Como estrategias de respaldo a la acción política pionera de Matilde Hidalgo, varias mujeres ecuatorianas extendieron -durante los siguientes años- una ola de reivindicación y afirmación del ejercicio efectivo de sus derechos políticos.

Hipatia Cárdenas, defensora pionera del sufragio femenino, se convirtió en 1929 en la primera mujer consejera de Estado y, en 1932, en la primera mujer en presentarse como candidata a la Presidencia de la República. Los años siguientes, más mujeres ocuparon espacios de toma de decisiones en la administración pública y fueron electas como concejalas. En 1945, Nela Martínez Espinosa se convirtió en la primera mujer diputada elegida por voto popular del Ecuador.

Mientras tanto, a nivel internacional, un fuerte movimiento por los derechos de las mujeres se expandía por la acción decidida de grupos de mujeres y sufragistas en todo el mundo.

En 1924, Petronila Flores participaba por primera vez en representación del Ecuador en la conferencia de la Liga Internacional de Mujeres Pacifistas y, ese mismo año, la oficina permanente de la Unión Panamericana – ahora la Organización de Estados Americanos – pedía al Ecuador su primer informe sobre la situación jurídica de la mujer.

Años más tarde, en 1928, se establecía el Comité Interamericano de Mujeres – CIM en La Habana, con el objetivo de recabar información sobre el estatus legal y político de la mujer en las Américas y reportar sus resultados. El mismo año, la Liga de Naciones – ahora Naciones Unidas – acogía a las mujeres como plenipotenciarias. La uruguaya Paulina Luisi, primera mujer bachiller y ginecóloga de su país, fue la primera delegada gubernamental mujer de América Latina en la Liga de Naciones. Más tarde, en 1953, Vijaya Lakshmi Pandit de la India, era elegida como la primera mujer Presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Matilde Hidalgo fue una mujer latinoamericana pionera. La primera mujer bachiller, primera mujer en doctorarse en Medicina, en ejercer de manera efectiva el derecho al sufragio.

Matilde Hidalgo, médica, poeta y activista por los derechos y libertades de las mujeres en América Latina y el Caribe. Sin importarle los prejuicios, luchó y logró cambiar los esquemas culturales de su época. Una mujer que abrió el camino a otras mujeres latinoamericanas y caribeñas en los espacios de poder político.

Como la primera mujer latinoamericana y caribeña en ser elegida Presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2018, es un honor rendir un justo homenaje – en el primer Día Nacional del Voto Femenino en Ecuador– a mujeres pioneras como Matilde Hidalgo. Mujeres que nos inspiraron con su valentía y decisión, con sus luchas por nuestros derechos.

Gracias a Matilde Hidalgo, a Nela Martínez, a Zoila Ugarte y a tantas otras que sembraron la semillas que ahora cosechamos por la igualdad. Queda mucho por sembrar y recorrer. No podemos pensar en sociedades democráticas y justas si no están afincadas en la igualdad plena.


[1] PRIETO. Mercedes & GOETSCHEL Ana María. (2008). El Sufragio Femenino en Ecuador, 1884-1940 en Mujeres y escenarios ciudadanos. FLACSO-Ecuador. Quito. pág., 305.

[2] Ídem. pág., 303.

[3] Ídem., pág., 306.

[4] QUINTERO, Rafael. (1980). El mito del populismo en Ecuador. FLACSO, Sede Ecuador. Quito. pág., 245. 

*Fotografía obtenida del artículo de Diario El Telégrafo, Ecuador celebra el primer Día Nacional del Voto Femenino.

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