Publicado originalmente en La Palabra Abierta

Es cierto, a muchos sorprendió que se presentara la candidatura de María Fernanda Espinosa a la Secretaría general de la OEA desde el Caribe –propuesta por Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas- y no desde Ecuador. Aunque en verdad si tomamos en cuenta lo que ha sido el gobierno neoliberal de Lenín Moreno, no debería sorprendernos. Por el contrario, es natural –y obvio- que Ecuador respalde la candidatura de Luis Almagro. Quizá por ello, precisamente, la candidatura de Espinosa es perfectamente viable.

Todos sabemos que la gestión de Almagro al frente de la OEA ha sido nefasta; ha atentado en contra de todos los procesos y postulados democráticos, ha roto su institucionalidad, se ha burlado de su Carta democrática, sus decisiones y resoluciones no han sido consensuadas sino que responden, abiertamente, a los intereses de grupos y sectores retardatarios del continente y del gobierno de los Estados Unidos. Y lo que es más, Almagro se alió con los sectores golpistas para destituir gobiernos democráticamente electos en la región. Hoy tenemos una OEA desprestigiada, con mínima credibilidad, y sin capacidad alguna para mediar en los conflictos mas complejos –como el caso de Venezuela- de América Latina y el Caribe. En suma, tenemos un continente dividido, polarizado y confrontado, y lo que es peor, sin ninguna opción de diálogo.

Frente a esta gestión de Almagro, surge una candidatura desde el lado opuesto; es decir, desde el restablecimiento de los valores democráticos; desde la necesaria refundación institucional, que permita recuperar la credibilidad, recomponer el diálogo y lograr consensos. Una nueva OEA que actúe desde los intereses de la mayoría de nuestros pueblos y no de las élites políticas y empresariales. Una OEA que no responda a las necesidades y demandas de los pueblos del continente no tiene futuro.

En este contexto caben dos preguntas: ¿En un Continente tan dividido y con una enorme confrontación, es viable una renovada OEA? ¿En un continente en el cual la injerencia en los asuntos internos se vuelve norma y la pérdida de soberanía es cada vez más evidente, es posible una candidatura basada en el diálogo y los consensos? La respuesta es sí. Precisamente por esa inútil confrontación, es urgente un cambio de timón. Y ese cambio solo puede garantizar una candidatura que, con experiencia, decisión y firmeza, pueda emprender una seria y profunda refundación de la Organización.

María Fernanda Espinosa tiene una amplia gestión en el servicio púbico en Ecuador y una carrera en las relaciones internacionales brillantes, como ningún otro ecuatoriano. Pero tiene además la formación, preparación y la capacidad pa asumir la Secretaría general de la OEA con garantías de eficiencia y responsabilidad. Fue en dos ocasiones Canciller de la República; Ministra coordinadora de Patrimonio, Ministra de Defensa Nacional; Representante de Ecuador ante Naciones Unidas, primero en Nueva York y luego en Ginebra, y Presidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas. Pero además, durante 30 años ha trabajado profesionalmente en la academia, en organismos no gubernamentales y organismos internacionales.

Como vemos, María Fernanda Espinosa no es una improvisada, no. Por el contrario, su vida entera, desde muy joven, ha estado vinculada a la defensa del medio ambiente, a las luchas por los derechos de las mujeres, a defender las causas por la equidad, la justicia y las libertades. Militante, de toda la vida, en los movimientos sociales y políticos de izquierda. Como creadora, poeta reconocida y admirada, también ha luchado por la preservación de nuestros patrimonios; culturales y naturales.

María Fernanda Espinosa se ha comprometido a impulsar tres acciones como parte de su programa de gestión: renovación y revitalización institucional; como un organismo moderno, eficiente, y sujeto a rendición de cuentas; relanzamiento de la agenda programática de la organización, democracia y gobernabilidad, seguridad multidimensional, desarrollo integrado, y derechos humanos; Código de ética para la Secretaría General, en el cual destaca el cumplimiento pleno del articulo 18 de la carta: “no se solicitarán ni recibirán instrucciones de ningún gobierno ni de ninguna autoridad ajena a la Organización”. Además propone implementar un sistema moderno de gestión, evaluación y transparencia.

Espinosa ha sido clara no solo en el programa para su gestión, y que ha presentado a los países miembros, sino también en sus retos inmediatos: “somos hijas e hijos de un continente inmensamente rico, multilingüe y multiétnico, que desde hace 200 años impulsó iniciativas de integración continental. No podemos desconocer que nuestro

Hemisferio se encuentra en una encrucijada, avanzar hacia la construcción de una agenda común, hacia el restablecimiento del diálogo y el respeto a las diferencias, o profundizar su división y su confrontación”.

Espinosa lamenta que la OEA se haya convertido en una institución monotemática, con el caso de Venezuela. Y en lugar de establecer caminos de negociación, se han impuesto decisiones que han entrampado el diálogo y lo que es más, han provocado hasta voces que piden una intervención externa: “Hay que diseñar una hoja de ruta para el diálogo. Es un tema que debe procesarse por fuera de los reflectores y el apetito mediático. Es un tema que requiere una mirada realista y responsable. La diplomacia y el sistema multilateral no conciben otra herramienta que el diálogo.”

Efectivamente, las próximas elecciones –el 20 de marzo- son una batalla que va mas allá de la diplomacia; son dos concepciones y dos maneras no solo de entender y mirar el mundo, sino dos formas de concebir sus soluciones: por un lado, Almagro, autoritario e impositivo, velando por los intereses norteamericanos y sus grupos de poder; y por otro, Espinosa, abierta al diálogo y los consensos, en defensa de los intereses de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de los Estados miembros.

Sin duda, la exitosa gestión de María Fernanda Espinosa en la presidencia de la Asamblea General de Naciones Unidas, y esa experiencia acumulada, servirán de base para cimentar una gestión vinculada con la renovación, la eficiencia y para enfrentar los retos fundamentales del organismo: gobernabilidad y democracia; seguridad continental; desarrollo integral; y derechos humanos. Pero también temas urgentes, como el de los movimientos migratorios en el continente; el incremento de la pobreza, la inseguridad. Y otros, no urgentes pero necesarios, como -por ejemplo- el de transformar la comunicación de la Organización, eliminando las posiciones personales para que los contenidos de sus medios reflejen las miradas de los Estados miembros.

María Fernanda Espinosa fue la primera mujer latinoamericana en la presidencia de la Asamblea General de Naciones Unidas y puede convertirse en la primera mujer en presidir la Organización de Estados Americanos. Pero además de reivindicar la presencia femenina en los más altos cargos –que es importante- se trata sobre todo de garantizar el pleno cumplimiento de los mas altos valores democráticos y de contar, de nuevo, con un Organismo que vele por los derechos, las libertades y el bienestar de sus Estados miembros y, por tanto, de todos sus habitantes.

Por Pablo Salgado J.

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