La historia de la humanidad ha sido forjada por grandes mujeres y hombres. A pesar de ello, esta misma historia ha estado marcada por la desigualdad, la violencia y la discriminación en contra de las mujeres. 

Las mujeres hemos sido protagonistas en la construcción de los destinos de nuestras naciones; de las grandes luchas por lograr la independencia; de las luchas por alcanzar transformaciones sociales y políticas; de los avances científicos y tecnológicos; así como de la preservación cultural y del desarrollo económico de nuestros pueblos.

Las mujeres hemos estado en las primeras líneas de batalla y hemos sido protagonistas de las más importantes transformaciones de la humanidad. No obstante, muchas mujeres han sido invisibilizadas y, en muchos casos, borradas de los libros de historia.

Debe ser nuestro compromiso hacer justicia y reivindicar el legado de estas mujeres en las Américas. Mujeres indígenas, afrodescendientes, trabajadoras, migrantes, políticas, líderes sociales, jóvenes, artistas, científicas, campesinas, empresarias, madres y hermanas que han acompañado la historia de la reivindicación de nuestros derechos y nos han permitido vivir, hoy, en una sociedad más justa e igualitaria.

El camino de la reivindicación y la defensa de los derechos de las mujeres ha sido largo. Muchas mujeres han perdido su vida, sacrificado sus familias,  remado a contracorriente y alzado sus voces para enfrentar las desigualdades, las injusticias y la discriminación de las que somos objeto. Si bien hemos recorrido un camino largo y con muchas victorias, es verdad también que aún quedan muchos obstáculos que vencer, estereotipos que cambiar y derechos por alcanzar.

En pleno siglo XXI, los derechos de las mujeres deben estar al centro de los   derechos humanos. Los esfuerzos por combatir la discriminación, la violencia y los femicidios es parte de la lucha por la dignidad humana.

Nosotras somos la mitad de la población de las Américas y el Caribe. Sin embargo hoy, solo hay dos mujeres Jefas de Estado o de Gobierno entre los 34 Estados miembros que integran la Organización de Estados Americanos: la Presidenta en Trinidad y Tobago, Paula-Mae Weekes; y la Primera Ministra en Barbados, Mia Amor Mottley. Dos extraordinarias mujeres caribeñas. En los Parlamentos del hemisferio solamente el 30.6% son mujeres. Ninguna mujer indígena o afrodescendiente ha alcanzado la mayor representación de elección popular en todo el hemisferio. Podemos y debemos cambiar esta realidad.

Las mujeres hemos ocupado altas posiciones en los espacios de toma de decisiones en los espacios públicos y privados a pulso, con esfuerzo. Hemos demostrado que podemos aportar, innovar, transformar en el ejercicio del poder y en la forma de ejercer nuestro liderazgo. Aportamos calidad y visión en la construcción de nuestro futuro común.

El Sistema Interamericano de Derechos Humanos ha sido un referente de los derechos de las mujeres desde hace ya 92 años. La Comisión Interamericana de Mujeres – CIM (1928) – fue el primer órgano intergubernamental en todo el hemisferio creado para asegurar el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres.

Las Convenciones Interamericanas sobre Concesión de los Derechos Políticos y Civiles a la Mujer adoptadas en 1948; la Convención para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia en Contra de la Mujer o Convención Belém Do Pará de 1994; y la Convención Contra Toda Forma de Discriminación e Intolerancia de 2013 constituyen una base normativa poderosa para garantizar los derechos de las mujeres en las Américas y el Caribe. Pero tenemos que superar el déficit de implementación.

A pesar de los instrumentos y convenciones interamericanas, las cifras de violencia, pobreza, exclusión y vulnerabilidad en el hemisferio nos muestran los desafíos que aún enfrentamos. De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud se estima que una de cada tres mujeres en las Américas ha experimentado violencia física y/o sexual por parte de un pariente cercano[1]. Todavía aún más alarmante es saber que, cada dos horas, una mujer es víctima de femicidio en las Américas. Esto no puede continuar.

La desigualdad y la violencia no solo son desafíos jurídicos o éticos, existe un componente económico. La participación activa e igualitaria de las mujeres en la economía generaría beneficios de alrededor de 28 billones de dólares.

Por esta razón y con cada vez más frecuencia,  las empresas ven a la desigualdad y la discriminación como un potencial riesgo para sus rendimientos financieros. Está comprobado que las empresas que tienen mujeres en puestos de liderazgo son más prósperas y tienen mejores rendimientos.

Es urgente actuar, y hacerlo ahora. El Foro Económico Mundial estima que si no se toman medidas efectivas, al ritmo actual, tardaremos más de dos siglos y medio para que las mujeres puedan tener las mismas oportunidades económicas que los hombres. En América Latina y el Caribe tardaríamos 59 años en lograr la igualdad de género mientras que América del Norte tardaría tres veces más, alrededor de un siglo y medio, 150 años[2]. Esto demuestra que las desigualdades no diferencian entre países desarrollados y en desarrollo.

En base a este contexto, comparto algunos elementos de análisis sobre los desafíos que enfrenta la igualdad de derechos y el empoderamiento de las mujeres en nuestro hemisferio, con el fin de motivar un debate constructivo de las acciones y prioridades que deberíamos emprender desde la OEA.

No alcanzaremos los Objetivos de Desarrollo Sostenible si no avanzamos hacia la igualdad de derechos

Lograr la igualdad de derechos no es una opción. Las mujeres constituimos la mitad de la población del hemisferio y debemos estar representadas de la misma manera. Mujeres del campo, de la ciudad, indígenas, mestizas, afrodescendientes, empresarias, artistas, científicas, debemos ser parte de las estrategias y esfuerzos para cumplir con la Agenda 2030.

La participación de las mujeres en la construcción de sociedades democráticas igualitarias y justas no es una opción, es una obligación y base de los esfuerzos por fortalecer nuestros sistemas democráticos.

El objetivo 5 de la Agenda 2030 se refiere a la necesidad de alcanzar una “participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades para el liderazgo en todos los niveles de la toma de decisiones en la vida política, económica y pública”.

Si no se eliminan todas las formas de discriminación, violencia y no se asegura la participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de liderazgo, así como el acceso universal a la salud, no lograremos la igualdad de derechos y el empoderamiento de mujeres y niñas.  

Necesitamos más mujeres en los espacios de poder

La igualdad de derechos es fundamentalmente una cuestión de poder. No podemos asumir como normal que los hombres constituyan la regla y las mujeres seamos la excepción.  

Es un desafío terminar con los estereotipos que estructuran la división social del trabajo. Debemos estimular y garantizar una mayor participación política de las mujeres para liderar los asuntos públicos. 

Modernizar el ejercicio del poder de la mano de las mujeres, nos permitirá, no solo avanzar hacia un efectivo cumplimiento de los derechos humanos, sino también alcanzar el desarrollo sostenible, disminuir las desigualdades y construir sociedades más pacíficas y comprometidas con los desafíos de la crisis climática.

En relación a la crisis climáticas, las mujeres no solamente son las más afectadas, sino que también deben tener un espacio para ser parte de las  estrategias de adaptación y mitigación, y participar activamente en los esfuerzos de construcción de sociedades resilientes.

La evidencia muestra que las mujeres que ocupan espacios de poder están, por lo general, más comprometidas en promover políticas incluyentes y sostenibles. Ejemplo de esto son los países nórdicos, donde la equidad es un valor social central.

Ahora es el momento de asegurar una mayor representación de mujeres en espacios de toma de decisiones y motivar su participación en espacios de elección popular y gobiernos con gabinetes paritarios.

Debemos combatir todas las formas de violencia política contra las mujeres. Este factor que mina y debilita su participación política, al mismo tiempo que fomenta la misoginia y la discriminación.  

La pregunta es ¿qué aportan las mujeres cuando llegan al poder? Muchos coinciden en que las mujeres tienen una capacidad de trabajar en equipo, de fomentar el diálogo y los acuerdos, de lograr transformaciones profundas y rápidas.

Cero tolerancia para los casos de acoso y abuso sexual, especialmente en los espacios de trabajo.

El movimiento #MeToo se convirtió en una de las más grandes revoluciones sociales de la última década. Por primera vez en la historia, millones de mujeres estuvieron dispuestas a romper el silencio y denunciaron públicamente casos de acoso y abuso sexual por parte de hombres poderosos.

Voces silenciadas por los abusos de poder de hombres que emplearon su autoridad, generaron una ola de solidaridad que se extendió por las redes sociales de todo el hemisferio y el mundo.

Solo un mayor empoderamiento de mujeres permitirá que se siga rompiendo el silencio, se dejen de normalizar situaciones de acoso y abuso sexual -principalmente en los espacios de trabajo- y se acabe con prácticas que afectan la dignidad humana.

A pesar de una conciencia creciente y de la sanción social, los casos de acoso y abuso en el entorno laboral continúan existiendo. Lo fundamental es contar con las herramientas institucionales para prevenir y combatir estas prácticas, además de establecer los mecanismos de denuncia, monitoreo y combate a la impunidad.     

El empoderamiento económico de las mujeres es la principal herramienta para acelerar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

La brecha salarial entre hombres y mujeres constituye una de las razones por las que el 70% de las personas más pobres en el mundo son mujeres y niñas. Las mujeres constituyen el 40% de la fuerza laboral del hemisferio pero reciben salarios 20% menores que los hombres por trabajos similares.

La evidencia muestra que las mujeres que perciben un salario tienden a invertir en sus familias, en educación, dinamizan la economía local y constituyen las principales agentes de consumo.

Además, el tiempo empleado por mujeres en el cuidado del hogar no es considerado como una actividad económica y por tanto no es remunerado ni cuantificado.

Alcanzar la igualdad de derechos y el empoderamiento económico de las mujeres son factores imperativos para crear mayores oportunidades para su futuro, para el futuro de sus familias y para las nuevas generaciones de mujeres y niñas. 

Combatir el femicidio debe convertirse en una causa común en el hemisferio.

Mientras los conflictos interestatales atraen la atención sobre los desafíos de paz y seguridad en el mundo, como ya se mencionó, una mujer es asesinada cada dos horas en el hemisferio. El número de femicidios  en algunos países es comparable a los niveles de una zona de guerra. Y aún en las zonas de guerra, mujeres y niñas son las principales víctimas de violación, tortura e incluso esclavitud.

Los esfuerzos para combatir este delito deben combinar: marcos jurídicos que lo tipifiquen, políticas públicas adecuadas contra la discriminación y enfocadas en reducir las desigualdades y erradicar la pobreza, instituciones y sistemas de justicia que garanticen la no impunidad y educación de calidad orientada a un profundo cambio cultural que no dé cabida al machismo y a la misoginia.

Mis prioridades sobre igualdad de derechos y empoderamiento de las mujeres desde la Secretaría General de la OEA

La OEA tiene mucho que aportar en los esfuerzos nacionales y regionales para la eliminación de la violencia, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. Este será el quinquenio de las mujeres en la OEA, destinado a la implementación y a la acción.

Empezaré por casa. La OEA deberá revisar y activar sus políticas internas para garantizar la paridad, erradicar toda forma de discriminación e instaurar una cultura y sistemas de tolerancia cero al acoso laboral. Estableceremos una estrategia renovada para cumplir la “Política Institucional de Igualdad de Género, Diversidad y Derechos Humanos de la OEA”.

Potenciaré el trabajo de la Comisión Interamericana de Mujeres, CIM, de la Relatoría de los Derechos de las Mujeres y la implementación efectiva de la Convención Belém do Pará a través de su Mecanismo de Seguimiento, MESECVI.

Impulsaré una Iniciativa Especial de la Secretaría General sobre Igualdad y Empoderamiento de las Mujeres, así como el fortalecimiento de la oficina del Ombudsperson o defensor del pueblo, y una estrategia sostenida de tolerancia cero para el acoso y el abuso sexual en la Organización.

El empoderamiento económico de las mujeres será una de las prioridades de trabajo, considerando que ni los Objetivos de Desarrollo Sostenible ni el combate a la pobreza serán posibles sin la inclusión plena e igualitaria de las mujeres en la economía.

Propongo impulsar entre otras, las siguientes acciones estratégicas:

1 | La creación de una plataforma de intercambio de buenas prácticas, políticas, acciones y marcos normativos encaminados a combatir todas las formas de violencia contra las mujeres y la impunidad.

2 | Impulsaré una campaña de aplicación de la Ley Modelo para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en la Vida Política en los países del hemisferio.

3 | Crearé un Observatorio Interamericano sobre la participación política de las mujeres, una plataforma de formación e impulsaré una red de líderes jóvenes, liderada por la CIM con la participación de la Relatoría sobre los Derechos de las Mujeres, en cooperación con ONU Mujeres y organizaciones sociales .

4 | Considerando que las mujeres en el hemisferio reciben salarios un 20% menores que los hombres por trabajos iguales, sumado a la carga desigual de trabajo de cuidados no remunerado entre hombre y mujeres, propongo dos acciones concretas: 

A) Crear un capítulo Interamericano de la Coalición Internacional sobre la Igualdad de Remuneración (EPIC) en asocio con la Organización Internacional del Trabajo, OIT.

B) Establecer una plataforma de intercambio de marcos jurídicos, políticas y experiencias exitosas para el empoderamiento económico de las mujeres. Se dará especial atención al tema de acceso a la formación y a la educación, el acceso a crédito e inversión, y el derecho al trabajo digno y al empleo seguro.

El mejor homenaje a los 25 años de la histórica Conferencia de Beijing y de su Plan de Acción y de la Convención de Belén do Pará, será declarar al período 2020-2025, el Quinquenio de las Mujeres en la OEA”


[1] Pan American Health Organization (2019). Intimate Partner Violence Against Women in the Americas: Data and Action. https://www.paho.org/hq/index.php?option=com_docman&view=download&category_slug=evidence-7483&alias=47112-intimate-partner-violence-against-women-in-the-americas-2018&Itemid=270&lang=en

[2] World Economic Forum (2020). The Global Gender Gap Report. http://www3.weforum.org/docs/WEF_GGGR_2020.pdf

3+

Nuestra conversación en redes

[custom-twitter-feeds showheader=false num=2]