Fuente: The Washington Post

By María Fernanda Espinosa ‎March‎ ‎19‎, ‎2020‎ ‎12‎:‎52‎ ‎p.m.‎ ‎CST

María Fernanda Espinosa es candidata a secretaria general de la Organización de los Estados Americanos.

La confianza en la Organización de los Estados Americanos (OEA) y su credibilidad están en su punto más bajo. La mayoría de los Estados miembros y otros organismos internacionales ya no ven a la organización como un espacio serio e imparcial para dialogar, debatir y actuar, sino más bien un lugar que alimenta la confrontación y la ineficacia.

En la elección a la Secretaría General de esta organización estamos en una encrucijada: o continuamos con la rutina actual, con la polarización, la división y la ausencia de un diálogo sustantivo, o avanzamos y reconstruimos una organización para convertirla en un organismo moderno eficiente, transparente, en sus acciones y en sus finanzas, y que rinda cuentas tanto a los Estados miembros como a los pueblos de América.

Hoy, cuando enfrentamos desafíos como el coronavirus Covid-19 o el cambio climático, necesitamos un estilo de liderazgo diferente en la OEA. Podemos lograrlo revitalizando y rejuveneciendo a la organización con buenas prácticas de gestión. Ello significa aplicar mecanismos de sostenibilidad financiera, fortalecer el diálogo y el debate y actuar respetando los procedimientos, el derecho internacional, y fomentando la confianza mutua, sobre todo en aquellas cuestiones en las que los Estados miembros no estén de acuerdo.

Esto requiere un liderazgo fuerte, basado en principios e imparcialidad. La Secretaría General debe cumplir una función asesora, convocante, que ofrezca alertas tempranas e información oportuna a los Estados miembros. No debe tener una ideología y elegir un bando, tomar posición o actuar en nombre de unos pocos; debe tener una determinación firme y principios, por supuesto, pero siempre debe responder ante los 34 Estados miembros a los que representa.

Los candidatos somos el actual secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, y yo. En caso de que sea elegida secretaria general, una de mis primeras acciones será aplicar un riguroso código de ética para guiar mi trabajo. Esto ayudará a restaurar la confianza y la credibilidad entre los Estados miembros, con los ciudadanos y al interior de la propia organización.AD

También propongo aprovechar mi experiencia previa como ministra de Relaciones Exteriores de Ecuador, como ministra de Defensa y, más recientemente, como presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas, para demostrar cómo se puede transformar y restaurar la confianza, de manera gradual, a través de cada acción correcta y cada deliberación.

Como secretaria general, trabajaré con cada uno de los 34 Estados miembros y daré a cada uno el mismo peso y la misma importancia. Proporcionaré información técnica de primera calidad y alertas tempranas a los Estados miembros, relativas a posibles crisis políticas, y actuaré como una mediadora imparcial en casos de conflicto y desacuerdo dentro de la organización y en el hemisferio. Lo que no haré es interferir o intervenir unilateralmente, basándome en información no verificada, o sin el respaldo y acuerdo de los Estados.

La crisis de Venezuela requiere una atención especial, fuera de los reflectores y con seriedad y responsabilidad. Este ha sido el tema que más ha polarizado al continente. Propongo establecer un amplio espacio en el que participen los diferentes esfuerzos de diálogo, desde la experiencia de República Dominicana, el Grupo de Contacto con la Unión Europea, la Iniciativa Noruega y el Grupo de Lima, cuyo último comunicado, bajo el liderazgo de Canadá, apunta en ese mismo sentido. Se requiere refrescar la estrategia para lograr una solución definitiva y duradera que beneficie a los venezolanos. La OEA, si así los deciden sus Estados miembros, debe ser parte de esa gran plataforma.

Más allá de nuestro hemisferio, restauraré la reputación internacional de la OEA posicionándola al centro de los debates globales sobre el cambio climático, el desarrollo sostenible, la biodiversidad, la desigualdad, los derechos de las mujeres, los derechos humanos y la salud pública global. Durante demasiado tiempo la OEA ha estado ausente de los grandes debates mundiales, permitiendo que otros hablen en nombre de nuestra región o perdiendo la oportunidad de tener una voz unificada, y aportar al debate y a las soluciones de los desafíos globales.

La OEA reúne a todos los países del hemisferio, desde los Estados Unidos y Canadá hasta el Caribe y las costas de Argentina, representando un poderoso grupo de influencia. Aprovechemos su potencial.

Hay tantos desafíos comunes que deben abordarse de manera eficaz y sostenida: desde la lucha contra la trata de personas o la delincuencia organizada, pasando por el tráfico de drogas, hasta la construcción de resiliencia ante los desastres naturales. Por ello, la región necesita un liderazgo fuerte y competente, y un espacio para el debate y la cooperación. Este debe ser nuestro objetivo: elevar el papel de la OEA, restablecer la confianza en su propósito y capacidad, y actuar siempre en base al pilar del multilateralismo, que es la igualdad soberana de los Estados. Estoy segura de que podemos, con la participación de Estados, sociedades y aliados, construir una verdadera unidad en la diversidad.

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