Cada año, millones de personas se ven obligadas a huir de sus países a causa de guerras, conflictos, eventos naturales, persecución, o pobreza extrema. En el 2018 el número de refugiados y desplazados a nivel global alcanzó un récord de 70 millones de personas, de las cuales la gran mayoría son menores de edad. Estos datos revelan que nos enfrentamos a una crisis migratoria sin precedentes, un hecho alarmante que afirma que algo estamos haciendo mal.

La realidad es que la situación migratoria sólo puede ser abordada a través de la cooperación multilateral, ya que naturalmente, la migración es un fenómeno que atraviesa fronteras.

En el 2018, durante mi tiempo como presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el organismo adoptó el Pacto Mundial para los Refugiados, lo que marcó el comienzo de un esfuerzo entre la comunidad internacional para abordar la crisis migratoria de una manera integral y exhaustiva,  construyendo sistemas efectivos de apoyo para los refugiados y las comunidades de acogida.

El pacto fue un avance significativo para la agenda multilateral, y el documento se manifiesta como un instrumento de cooperación y una guía para todos los estados, planteando cuatro objetivos fundamentales:

  • Aliviar la presión sobre los países de acogida, que son en su mayoría países con menor capacidad para enfrentar la situación.
  • Mejorar la autosuficiencia de las personas refugiadas a través de medidas que permitan que los refugiados tengan acceso a la educación, sanidad, al trabajo digno, y a la libertad de circulación.
  • Expandir el acceso a soluciones en terceros países
  • Fortalecer las condiciones en los países de origen para un retorno seguro y digno.

Los objetivos del Pacto Mundial están interrelacionados y son interdependientes. Además, el pacto toma en cuenta tanto a los refugiados y sus derechos humanos básicos como a los países de acogida, ofreciendo soluciones y alternativas para fortalecer la voluntad política y abordar la crisis migratoria a través de la cooperación multilateral y el apoyo de organizaciones pertinentes, con la esperanza de una migración más regulada y segura para los refugiados y un fortalecimiento de la responsabilidad compartida de todos los países.

El tema migratorio se ha convertido en una preocupación en común para muchos países alrededor del mundo que hoy buscan promover una comunidad de valores compartidos y reparto de responsabilidades. Sin embargo, debemos de respetar que cada estado tiene sus propias políticas en cuanto al tema migratorio. Además de reforzar la asistencia y protección de las personas refugiadas, necesitamos herramientas que permitan a los estados diseñar estrategias que se adapten a sus respectivas políticas de gobierno. Creo en el multilateralismo como la vía para mejorar la vida de los millones de refugiados alrededor del mundo y para lograr posicionar la acción y la solidaridad como el eje de las políticas migratorias de cada país en nuestra región. 

Maria Fernanda Espinosa

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