Este año es crucial para el futuro de la humanidad y de nuestro planeta. Los científicos dicen que necesitamos que las emisiones de gases de efecto invernadero toquen su techo en 2020 si queremos mantener el calentamiento global dentro de los límites seguros. Si no lo logramos, corremos el riesgo de sufrir los impactos más devastadores del cambio climático, incluyendo el hambre y la pobreza extrema

Publicado por: The Economist

El planeta ya se ha calentado 1°C por encima de los niveles preindustriales. En consecuencia, estamos viendo un aumento del nivel del mar, tormentas más frecuentes e intensas, sequías, olas de calor y otros episodios climáticos extremos.

Sólo 15 de los peores fenómenos meteorológicos de 2019 causaron daños por un valor de al menos  $135 mil millones de dólares. Sólo los Estados Unidos sufrieron 14 desastres meteorológicos y climáticos con pérdidas que superaron mil millones de dólares cada uno. Y el mundo ha mirado con horror los devastadores incendios en Australia tras una larga sequía.

Pero los resultados de la inacción ante el cambio climático afectan principalmente a los más pobres. Lo he visto de primera mano en Nigeria, Chad, Níger, la región del lago Chad en Camerún y en varios países de América Latina y el Caribe. Los cambios en los regímenes de lluvia y las frecuentes sequías que se producen allí han debilitado los avances en materia de desarrollo que tanto ha costado conseguir en los últimos 70 años. Millones de personas han visto afectada su vida y sus medios de subsistencia; han experimentado la agudización del hambre, la pobreza, los conflictos y los desplazamientos. Las poblaciones más vulnerables han sido las más afectadas, especialmente las mujeres, los niños y los ancianos.

El poder del multilateralismo

El multilateralismo y la cooperación son nuestros mejores instrumentos para hacer frente tanto al hambre como al cambio climático. Ningún país puede hacerlo solo: debemos actuar de forma colectiva y responsable.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de París sobre el clima -ambos acordados en 2015- se refuerzan mutuamente y son una herramienta poderosa para enfrentar los desafíos que se nos presentan.

Sin una acción climática, no lograremos el desarrollo sostenible. La crisis climática es la mayor amenaza para los ODS, incluido el objetivo de alcanzar un nivel de cero hambre para 2030. Si el calentamiento global continúa sin control, es probable que cause la pérdida de cosechas, el aumento de los precios de los alimentos y ponga a millones de persona en mayor riesgo de padecer hambre.

Tenemos un largo camino por recorrer para acabar con la malnutrición. El número de personas que padecen hambre ha aumentado desde 2015, y algo más de 820 millones de personas están ahora desnutridas, lo que representa alrededor del 11% de la población mundial. Tenemos que trabajar juntos para encontrar las mejores opciones para utilizar los recursos de la tierra y alimentar a una población en crecimiento y, al mismo tiempo, plantar más árboles y producir más biocombustibles para ayudar a mitigar el cambio climático.

Cambio individual

Pero la cooperación multilateral por sí sola no es suficiente: cada uno de nosotros debe hacer cambios individualmente.

Nuestro sistema alimentario es una fuente importante de emisiones que calientan el planeta, representando entre el 21% y el 37% del total. El desafío es cómo podemos mantener esas emisiones bajo control y al mismo tiempo alimentar a una población que se prevé que aumente de 7.760 millones de personas en la actualidad a 9.700 millones en 2050.

Claramente, necesitamos cambiar nuestros patrones de consumo. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas afirma que el consumo de una dieta saludable y sostenible -con un alto contenido de cereales, legumbres, frutas y verduras y un bajo contenido de productos animales y alimentos azucarados- contribuiría en gran medida a la reducción de las emisiones.

También necesitamos desperdiciar menos. Alrededor de un tercio de los alimentos producidos -aproximadamente 1.300 millones de toneladas- se pierden o se desperdician cada año. Entre 2010 y 2016, la pérdida y el desperdicio de alimentos a nivel mundial contribuyeron a cerca del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La prevención de las catástrofes

En 2006, el economista Nicholas Stern advirtió que el impacto económico del cambio climático podría llegar a ser hasta de un 20% del PIB mundial.

Tenemos sólo diez años para evitar los peores impactos del cambio climático, y nuestra generación es la última en poder prevenir la catástrofe climática.

También es una generación con oportunidades únicas para asegurar que cada persona del planeta tenga alimentación sana y sostenible  para prosperar. Es nuestra responsabilidad poner fin al azote del hambre que ha asolado a la humanidad durante milenios, y hacerlo de manera que se proteja el planeta.

María Fernanda Espinosa es ex presidenta de la Asamblea General de la ONU. 

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